Hace un rato me di cuenta de cuán injusta puedo llegar a ser.
Verano 2009 y mientras la mayoría toma un mínimo rayo de sol como la excusa perfecta para ir a la playa, yo llevo dos cursos en la universidad. No los llevé el semestre pasado y los debo llevar ahora para no atrasarme. No recomiendo a nadie estudiar en verano, al menos no es la mejor estación del año para mi, mientras intento leer, el calor me va ahogando, el ruido del ventilador me distrae y si dejo la ventana abierta, los zancudos se ocupan de desaparecer mi sangre; sumado a eso está el kilo de tareas que me dejan los profesores en su afán de cubrir el sílabo en poco tiempo.
Digo que soy injusta porque creé un problema de algo tan mínimo como es no encontrar la respuesta de una pregunta del larguísimo cuestionario que nos dejaron en Empresarial, la número 6, leí más de 4 diccionarios y no daba con la definición que buscaba. Eso bastó para ponerme de mal humor. Aléjense de mi si alguna vez me ven así, por favor. Ni yo misma me soporto. Empecé a quejarme de absolutamente todo. Hasta le dije a Hux y María Andrea que no podía más, que me había estancado y que ya no quería avanzar. Hasta que me di cuenta de que al menos tengo libros para consultar, una computadora, de que sé leer, y que tengo amigos, que mientras que hay padres en Gaza que sufren por la muerte de sus hijos por un cobarde ataque de Israel... yo me quejo de que no encuentro la 6!
Hay tantos, tantísimos problemas en nuestro mundo, como para armar uno más.
Me dan ganas de hacer algo, salir a caminar, tomar el carro y manejar (aunque no tenga licencia), conocer personas, realidades, costumbres, caras... como en ese viaje a Argentina en el que, en cada parada para tomar desayuno o almorzar, nos encontrábamos con tantos personajes llenos de historia... si tan sólo hubiese preguntado más, hubiese sido un poco más yo y no tanto Apariencia, sería tan feliz, he perdido tantas oportunidades, que no puedo aguantar las ganas de conseguir otras para en esta ocasión, aprovecharlas todas.